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POR QUE NO VOY A MARCHAR EL 20 DE JULIO

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POR QUE NO VOY A MARCHAR EL 20 DE JULIO

POPULACHO IMBECILIZADO
Por: Libardo García Gallego Julio 24 de 2008

A pesar de mi escasa ilustración, hecho que aspiro a superar, considero que un Estado social de derecho, producto de un acuerdo ciudadano plasmado en la Constitución, tiene que buscar la reducción de las desigualdades naturales mediante una amplia oferta de posibilidades, no necesariamente leche materna. No sé si será odio, rencor, envidia o racionalidad, pero no estoy de acuerdo con la estructura dinástica de la sociedad colombiana donde los puestos se logran, casi nunca por los méritos personales del individuo sino por los de sus ancestros. Un ejemplo: al actual Senado colombiano llegaron varios jovencitos, inteligentes como muchos que ni siquiera pudieron acceder a la Universidad, saltando directamente de la Facultad al Congreso, gracias a la paternidad de ex presidentes y ex congresistas. Esto no es plausible ni normal en una sociedad donde toda su juventud posea igualdad real de oportunidades para capacitarse y participar.

Está claro que los del pueblo pueblo, los carentes de medios de producción, piensan y actúan como si fuesen propietarios o gerentes de multinacionales porque padecen un grado de alienación tal que les impide ser autónomos. Se tragan enteros y repiten los discursos del Presidente, de los Ministros, de los Obispos, de los Generales, de los Noticieros pro gobierno, de los Banqueros, de los enseñantes sin formación, etc., como si se tratara de verdades absolutas, sin captar cuáles son los intereses de clase escondidos bajo tales opiniones. Marcharon el domingo 20 de Julio en busca de la paz y la libertad, creyendo que éstas se consiguen cuando se acaben los secuestros. ¿Y marcharán algún día con el mismo coraje exigiendo para todo(a)s los colombianos y colombianas salud de buena calidad, educación de buena calidad, vivienda digna y alcanzable, empleo estable y remuneración digna; tierra, insumos y crédito barato para los campesinos pequeños y medianos; reforma urbana integral, castigo y fin de la corrupción, prohibición del desempleo, fin de las masacres, fin de las ejecuciones extrajudiciales, no más impunidad, fin del desplazamiento forzado; verdad, justicia y reparación a todas las víctimas del terrorismo de Estado; soberanía nacional, nacionalización de nuestros recursos naturales, soberanía alimentaria, conservación del agua y del medio ambiente, respeto estatal a todos los derechos humanos, que son, entre otras, las verdaderas causas de la violencia social y de la ausencia de libertad en nuestro país?

Marchemos cada domingo para desnudar la situación del país, no para enmascararla con protestas sesgadas. Construyamos una nueva Constitución, más democrática que la del 91, no tan neoliberal. Es muy doloroso y repugnante que haya 2000 ó 3000 secuestrados, pero es igualmente doloroso y repugnante, quizás más, que hayan sido asesinados decenas de miles de colombianos, unos opositores al régimen y otros inocentes, por criminales pagados por el Estado o aupados y amparados por éste, y que a la décima parte de la población colombiana se le haya obligado a abandonar sus terruños y a migrar en condiciones miserables a lo largo y ancho del territorio patrio.

Cuál celebración de la segunda independencia cuando permanecemos bajo la coyunda de España, más la de Estados Unidos, la Unión Europea, el G 8, y las multinacionales (cofinanciadoras del paramilitarismo) de dichos países, a las cuales nuestros gobiernos les han regalado nuestro patrimonio? ¿Cómo puede celebrarse que los pocos empleos creados por el gobierno sean en la policía, en el ejército, en el sapeo?. Ese es el país con el cual soñamos?. ¿Dónde están los científicos de todas las ramas del conocimiento y los técnicos y tecnólogos de todos los oficios productivos? ¿O es que también van a celebrar cuando al Bárbaro se le ocurra exclamar: “Colombia no necesita de sabios!”?. ¿Para qué tantos policías, militares y espías?. Urgen millones de empleos, pero productivos. Una sociedad con sus derechos humanos satisfechos no necesita tanta gente entrenada para matar y vigilar.

Para superar esta alienación ancestral, la oposición requiere que el Estado le facilite el acceso a todos los medios masivos de comunicación (radio, televisión, periódicos, revistas, de cobertura nacional, o en su defecto los cree, y dando cabal cumplimiento a los artículos 13, 18, 20, … de la C.P., permita que todas estas cosas se divulguen y discutan en público, con la misma intensidad que lo hacen los medios burgueses.

From Estados Unidos

 

Juan Carlos García

Leyendo al maestro Álvaro Mutis encontré esta frase dicha en una de sus tantas entrevistas: “Otra teoría que mi madre practicó siempre fue la de vivir y dejar vivir. Hay una frase suya que me marcó para toda la vida: “Hay que…eso jamás”. Hay que saludar, hay que ir a tal sitio, hay que hacer tal cosa. Eso nunca”. Hay que ir a la marcha del 20 de julio. Eso nunca.

Una marcha agenciada por los medios masivos de comunicación me genera terror. Terror de saber hasta dónde otros nos dicen, a todos, qué hacer y en consecuencia hacemos: marchen, digan, caminen. Pero es que somos la patria, la democracia, la nación, repiten. Hay que marchar el 20 de julio, vomitan en la radio, la televisión y la prensa. Hay que salir el 20 de julio, repiten al unísono los políticos, los periodistas, los empresarios y hasta los cantantes: todos compungidos, todos afectados como si supieran del dolor humano o animal. Hay que… ¡hagan! ¿Qué es este irrespeto? ¿Por qué no nos dejan vivir? ¿Por qué no hacer lo que cada uno quiera hacer? ¿Por qué normar la conducta de todos como si esto fuera una capilla medieval? Que cada uno decida qué hacer con su vida. Eso sería la libertad, pues justamente sobre la libertad, se dice, es la tan mentada marcha. Que cada uno o colectivamente luche, exija, defienda su vida colectiva o individual, respete y haga respetar sus derechos. Pero que todos, y no uno, digan qué y cómo hacerlo.

A mi me parece –sigo con Mutis- una estulticia decirle a alguien haga esto y hágalo de esta manera pues todos vamos a ir, todos sentimos lo mismo, todos somos uno. Que alguien o algunos hablen por los demás, eso es fascismo, otros lo llamarán democracia, pues disfrutan del privilegio que da el poder: su libertad física. Pero democracia es que todos se expresen autónomamente como ellos quieran: que exijan sus derechos, no favores, derechos. Fascismo, en cambio, es capturar las mentes de las personas como si éstas no pudieran pensar, como si el pensamiento fuera la materia prima de aquellos iluminados que gobiernan y comunican y por ende deciden: “hagan esto”. Privilegiados pues. Porque si la idea es salir, cantar unos estribillos preparados, portar camisetas de tal tipo, reunirse en lugares señalados, caminar y caminar, que todos salgan si quieren y digan y hagan lo que ellos a bien tengan. A favor o en contra de esto o aquello, qué más da. Eso sería libertad de expresión. Pero que si salen a caminar hagan esto y digan lo siguiente, eso nunca. “Hay que…eso jamás”.

Ah, pero se dice que la marcha del 20 de julio es a favor de la libertad. La libertad de los secuestrados, se anuncia y se repite hasta la saciedad. ¿Y por qué no la libertad de todos los que no son libres? Si en Colombia hay millones y millones que nos son libres no puede haber libertad. ¿Dónde están los que malviven en las cárceles, en los manicomios, en el exilio forzado, en las filas del ejército o lo policía obligados, en los trabajos esclavizantes de los niños prostituidos, en la errante sinsalida de los millones de desplazados, hambrientos, desempleados y refugiados de esta guerra miserable? Porque se trata justamente de eso: de que los secuestrados son los mártires, los héroes, los abanderados. Y a lo mejor lo son: para su familia, para sus amigos. Pero ¿y el resto?

El resto, esos millones de anónimos y sufridos -muertos, mutilados, huérfanos, exiliados, desplazados, miserables- no existen: porque son pobres. Y la pobreza da vergüenza, bien se sabe. Pobres porque se fueron, porque no tienen apellidos rutilantes, herencias y genealogías que contar. Es mejor ser secuestrado en Colombia que desplazado: a tal grado ha llegado la descomposició n de este país impune. Que los millones de miserables, pobres, excluidos y explotados se defiendan como puedan: ese es el mensaje tras la marcha del 20 de julio. Y como puedan es que no se vean, no salgan, no digan, no marchen: que mueran en silencio. Que no existan. O sí pero en los márgenes de todo lo bello: en los extremos de las ciudades, de los campos, de las selvas. Muy lejos donde los medios de comunicación no llegan, pero donde sí llegan la falta de libertad y la injusticia sin fin.

Por que, adviértase, ninguno de los que promueven la histórica marcha han sentido el desplazamiento, la explotación, la prostitución, la miseria. En una palabra, la injusticia sin nombre. No. Los secuestrados han sufrido el drama y la tragedia de la guerra, pero hay muchas otras que ellos en su odisea ocultan, como los desplazados. Los secuestrados, por ejemplo, se convierten en ministros, columnistas de prensa y hasta candidatos presidenciales, pero los desplazados no llegan si quiera a la pantalla del televisor. O ¿cuál es o podría ser el líder o vocero de los desplazados?

Y es que la libertad no puede existir sin la justicia y sin también la igualdad. Uno es libre, sí, libre incluso para morirse de hambre en una calle si no tiene trabajo, si no puede pagar los servicios médicos. Libre para caminar por las calles, para buscar estudio, comprar una casa o comerse un helado. Es una libertad física de movilización y de propiedad. Pero hay otras libertades intangibles que no se transan con ser libres físicamente como la libertad de expresión, como la libertad para desobedecer al poder, como la libertad de revocar un mal gobierno: cosas que en Colombia no existen.

Los secuestrados liberados son libres físicamente. Físicamente, repito, uno es libre hasta para morirse de hambre. Y en eso somos expertos en Colombia. Una perla a propósito: Colombia es el país, después de Irak, con más millones de desplazados. ¡Una vergüenza! Pero ellos, esos millones, no cuentan en la marcha del 20 de julio: son pobres, son indeseables, huelen mal. Los exiliados y los desplazados, al tiempo que los huérfanos, son las grandes víctimas de esta sociedad que se solaza con mentiras y con apariencias publicitarias de autoengaño.

Miles de muertes y de desaparecidos y los millones de desplazados y exiliados son más, mucho más que los cientos de secuestrados, siendo como es el secuestro una estupidez mayor cométalo la guerrilla, las Fuerzas Militares, la delincuencia común o los propios familiares o amigos. Pero claro: la marcha del 20 de julio sólo tiene en los organizadores y participantes a un victimario: la guerrilla. Y ¿los demás?

Nunca he visto una marcha promovida desde los medios de comunicación y liderada por los políticos de turno donde los miles -¡miles!- de niños y niñas prostituidas y explotadas se defiendan de esa bellaquería, la más bellaca de todas. Nunca lo veré: porque la sociedad, ésta, la muy burguesa que nos ocupa, no se interesa por la libertad. Su interés es la apariencia, la mentira y la siempre bien recordada defensa irrestricta y a como dé lugar del poder oficial. Por eso, porque la libertad es sólo un discurso de dominio, un discurso político de legitimación del orden y de sus privilegios y no de sus miserias, por eso no voy a la marcha en cuestión.

Estoy plenamente de acuerdo con Álvaro Mutis: “Hay que…eso nunca”. Me alegra saber que él no va a estar marchando, como yo tampoco.

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Written by edgarjaramillo

julio 22, 2008 a 10:08 pm

Publicado en Uncategorized

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